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Es una escena clásica de domingo: la pareja está almorzando. El perro se acerca a la mesa y apoya el hocico en la pierna de él. Él le dice «¡No!» con firmeza. El perro, entonces, va hacia el lado de ella, pone cara de pena, y ella, bajito para que no la vean, le pasa un pedazo de queso por debajo de la mesa.
O quizás pasa al revés: uno quiere que el perro duerma en su propia cama en el living, y el otro espera a que su pareja se duerma para subir al perro a la cama matrimonial «solo por un ratito».
Si estas situaciones te suenan familiares, tenés un problema de incoherencia jerárquica. Y aunque las discusiones suelen ser entre los humanos («¡Vos lo malcriás!», «¡Vos sos muy duro!»), la verdadera víctima de esta grieta es el perro.
En este artículo extenso y detallado, vamos a profundizar en por qué la falta de acuerdo en la pareja es la causa número uno de ansiedad canina. No se trata solo de «ponerse de acuerdo», sino de entender la ciencia detrás del comportamiento. Te voy a ayudar a redactar la «Constitución de la Casa», a unificar el idioma que hablan con su mascota y a resolver conflictos sin que el perro se dé cuenta de que mamá y papá están peleando.
La Ciencia del Caos: El Refuerzo Intermitente
Para entender por qué es tan grave que uno diga «blanco» y el otro «negro», tenemos que hablar de psicología del aprendizaje. Existe un concepto llamado Refuerzo Intermitente.
Imaginá una máquina tragamonedas del casino. Vos ponés una moneda y no ganás. Ponés otra y no ganás. A la tercera, ganás un premio enorme. Como el premio es impredecible (a veces sale, a veces no), tu cerebro se vuelve adicto a seguir intentando. «Quizás la próxima sí».
Cuando educás a un perro en pareja y son inconsistentes, transforman al perro en un ludópata:
- Situación: El perro pide comida en la mesa.
- Humano A: Nunca le da (La máquina no paga).
- Humano B: A veces le da, a veces no (La máquina paga aleatoriamente).
El resultado: El perro va a pedir con más insistencia, ansiedad y desesperación que nunca, porque aprendió que «si insisto lo suficiente, en algún momento el Humano B afloja». Esto genera un animal ansioso, pesado e hiperactivo.
La única forma de romper este ciclo es la coherencia absoluta: o se puede siempre, o no se puede nunca. Los grises confunden.
Paso 1: La «Constitución de la Casa» (Checklist para imprimir)
Antes de intentar adiestrar al perro, tienen que sentarse ustedes dos (sin el perro presente, preferiblemente con un café o una copa de vino) y redactar las leyes de la casa. No pueden improvisar sobre la marcha.
Deben definir, por escrito si es necesario, los siguientes puntos críticos:
1. Zonas de Acceso y Mobiliario
- ¿El perro puede subir al sofá? ¿Siempre o solo cuando lo invitamos?
- ¿Puede subir a la cama matrimonial? (Tema sensible que vimos en el artículo sobre celos en la pareja).
- ¿Tiene acceso a la cocina mientras cocinamos o debe esperar afuera?
2. La Comida y la Mesa
- ¿Se le da sobras de comida humana? (Recomendación Smart: Nunca desde la mesa. Si sobró pollo, se pone en SU plato una vez que ustedes terminaron).
- ¿Quién le da de comer? ¿Se alternan?
3. El Saludo y las Visitas
- Cuando llegamos a casa, ¿lo saludamos efusivamente si salta? ¿O esperamos a que se siente para acariciarlo?
- Si uno de los dos fomenta que el perro salte para saludar («¡Hola mi bebé!»), el perro le saltará a las visitas, ensuciando ropa y rasguñando piernas.
Paso 2: El Diccionario Unificado (El problema de los sinónimos)
Los perros no entienden español. Entienden sonidos asociados a acciones. Uno de los mayores problemas al educar perro en pareja es que cada uno usa una palabra distinta para pedir lo mismo.
El escenario de la confusión:
- El perro se sube al sofá.
- Ella le dice: «¡Bajá!».
- Él le dice: «¡Fuera!».
- La abuela le dice: «¡Salí!».
Para el perro, son tres sonidos distintos. Tarda el triple en aprender. Tienen que acordar un «Diccionario Oficial» de la casa. No importa qué palabras elijan, lo que importa es que ambos usen la misma.
Tabla de Unificación Sugerida:
| Acción Deseada | Palabra Clave (Elegir UNA) |
| Que se siente | Sentado / Sit / Senta |
| Que se acueste | Echado / Down / Suelo |
| Que suelte algo de la boca | Soltá / Deja / Out |
| Que venga | Vení / Aquí / Come |
| Que no haga algo (Corrección) | ¡NO! / ¡EY! |
Impriman esta tabla y péguenla en la heladera. Si se les escapa la palabra incorrecta, corríjanse mutuamente con amor: «Amor, acordamos que es ‘Sit’, no ‘Sentate'».
Paso 3: El Frente Unificado (Good Cop / Bad Cop)
Es muy común que en la pareja se formen roles: el «Policía Malo» (el que pone límites, reta y estructura) y el «Policía Bueno» (el que mima, consiente y rompe las reglas a escondidas).
Esto es tóxico para el vínculo. El perro le tendrá «respeto/miedo» al Policía Malo y «amor/abuso» al Policía Bueno. Pero ninguno de los dos tendrá un vínculo sano de respeto y confianza.
La Regla de Oro del Frente Unificado:
Nunca, jamás, desautorices a tu pareja delante del perro.
Si tu pareja le dio la orden «Echado» y el perro te mira a vos buscando complicidad para desobedecer, vos debés mirar al perro e ignorarlo, o repetir «Echado». Apoyá la orden de tu compañero. Si creés que tu pareja está siendo injusta o se equivocó en el comando, esperá a que el perro no esté presente para discutirlo.
Si discutís frente al perro, el animal percibe el conflicto y la debilidad en el liderazgo. Los perros son expertos en «divide y reinarás».
Qué hacer con los terceros (Abuelos, Paseadores, Visitas)
Ustedes hicieron todo el trabajo. Se pusieron de acuerdo. El perro es un relojito. Pero el domingo vienen tus suegros a comer asado y, por debajo de la mesa, le tiran un hueso de costilla al perro mientras dicen: «Pobrecito, un poquito no le hace mal».
O viene el paseador y deja que el perro le salte encima para saludar, arruinando meses de entrenamiento de «saludo calmado».
Cómo gestionarlo sin romper relaciones familiares:
- Anticipación: Antes de que lleguen las visitas, avisales: «Estamos entrenando a Bobby. Por favor, les pedimos que no le den comida y que no lo saluden si salta. Es importante para nosotros».
- Gestión del entorno: Si sabés que la abuela no se va a aguantar, es preferible que el perro esté en otra habitación o con un hueso recreativo en su cama (el famoso «Kit Restaurante» que mencionamos en el artículo sobre etiqueta canina) durante la comida.
- Sé el abogado de tu perro: Tu prioridad es la salud mental de tu perro, no quedar bien con la visita. Si alguien lo molesta o lo confunde, intervení con educación pero con firmeza.
Conclusión: El amor es estructura
Muchos dueños sienten que poner límites es «amar menos». Al contrario. Un perro que sabe exactamente qué se espera de él, qué puede hacer y qué no, es un perro relajado y feliz. La incertidumbre genera estrés.
Al educar al perro en pareja con coherencia, le están dando el mayor regalo posible: un entorno predecible y seguro. Y de paso, se ahorrarán cientos de discusiones conyugales. Un perro educado une a la pareja; un perro caótico la separa. Elijan ser un equipo.




