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Suena el timbre. Tu perro se transforma: ladra, corre hacia la puerta derrapando y, apenas abrís, se lanza sobre tu invitado como un resorte, ensuciándole la ropa o, peor, rasguñándole las piernas.
Vos pedís perdón, tratás de agarrarlo del collar, gritás «¡BASTA!», pero el caos ya está desatado. Tu invitado dice «No pasa nada, me gustan los perros», pero vos sabés que es mentira. Es incómodo, es peligroso (si es una persona mayor o un niño) y es estresante.
Si tu queja recurrente es «mi perro salta a las visitas y no lo puedo controlar», no estás solo. Es una de las conductas más comunes y mal interpretadas.
Muchos creen que el perro salta por «dominancia». Falso. Generalmente salta porque quiere saludar cara a cara (acercarse a tu boca) o porque aprendió que, al saltar, recibe atención (aunque sea un reto).
En este artículo, vamos a ver cómo desactivar esa bomba de euforia y lograr que tu perro reciba a tus amigos con las cuatro patas en el suelo.

El problema no es solo el perro: Es la visita
La parte más difícil de solucionar cuando mi perro salta, curiosamente, no es entrenar al animal, sino entrenar a los humanos.
El escenario clásico: El perro salta y vos lo retás. Pero tu amigo empieza a acariciarlo frenéticamente diciendo «Ay, ¡hola hermoso! ¡No me molesta!». En ese momento, tu amigo acaba de sabotear tu entrenamiento. Le está enseñando al perro que saltar funciona para conseguir caricias.
La Regla de Oro: La visita debe ser un «Árbol». Instruí a tus amigos antes de que entren (mandales un WhatsApp si es necesario): «Por favor, cuando entren, ignoren totalmente a Toby. No lo miren, no lo toquen y no le hablen hasta que se calme». Si el perro no recibe atención por saltar, la conducta empieza a extinguirse.
La herramienta secreta: La correa dentro de casa
Parece contraintuitivo, pero la correa no es solo para pasear. Si sabés que mi perro salta y se descontrola, ponerle la correa antes de abrir la puerta es tu mejor estrategia de gestión.
- Suena el timbre.
- Poné la correa (fija, no extensible).
- Abrí la puerta manteniendo al perro a tu lado, sin tensión pero corto.
- Si intenta saltar, la correa se lo impide físicamente (sin tironear, solo bloquea el acceso).
- Pedile a la visita que entre y lo ignore.
- Solo cuando el perro tenga las 4 patas en el suelo y deje de jadear, permitile acercarse a olfatear.
Esto evita el «autorefuerzo» (que logre tocar a la persona) y te da control total de la situación.
El método de la «Zona Segura» (o Place)
En lugar de decirle al perro lo que NO tiene que hacer («¡No saltes!»), decile lo que SÍ tiene que hacer.
Si leíste nuestro artículo sobre ansiedad por separación, sabrás que el perro necesita calma. El objetivo es enseñarle a ir a su cama («Zona Segura») cuando suena el timbre.
- Practicá sin visitas reales. Hacé sonar el timbre o golpeá la puerta.
- Guialo con un premio hasta su cama.
- Decí «Quedate» y dale el premio.
- Repetí mil veces. Timbre = Ir a la cama = Premio.
Con el tiempo, el sonido del timbre se convertirá en la señal para ir corriendo a su cama a esperar su recompensa, en lugar de ir a la puerta a saltar.
¿Exceso de energía o falta de educación?
A veces, el problema de que «mi perro salta» es simplemente un tanque de energía lleno a punto de explotar. Si tu perro estuvo encerrado todo el día en el departamento y la visita es lo único emocionante que pasó en 12 horas, es imposible pedirle calma.
Si sabés que vas a tener una cena o reunión:
- Sacalo a pasear una hora antes.
- Si no tenés tiempo, considerá contratar paseador de perros (Link Interno: Linkar para o artigo #3 de Passeadores) para que llegue a la noche cansado y relajado.
- Dejale un juguete interactivo o un hueso para morder cuando lleguen los invitados. Morder calma la ansiedad y canaliza la excitación hacia un objeto, no hacia las piernas de tu tía.
Conclusión
Tener un perro educado es la mejor forma de que sea bienvenido en todos lados. Decir «mi perro salta» no es una condena, es una conducta que se puede modificar con consistencia.
Usá la correa, educá a tus visitas para que no fomenten el caos y premiá la calma. Vas a ver cómo tus reuniones sociales dejan de ser un estrés para convertirse en un placer.
¿Y vos? ¿Tenés algún amigo que «malcría» a tu perro cuando llega? ¡Contanos en los comentarios!




